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Historia del Biergarten

Historia del Biergarten

El Paulanergarten es, más que un lugar, un estado de ánimo. Tanto en Múnich como en Shanghai, es sinónimo de placer en buena compañía, de tradición y amistad. Una filosofía de vida  natural, espontánea y desenfadada. En resumen: aquí el mundo sonríe y Baviera despliega todos sus encantos – incluso cuando más de un maravilloso Paulanergarten se encuentre lejos de los confines bávaros.

Por su parte, el Biergarten o cervecería al aire libre es desde hace más de 200 años un componente imprescindible de la tradición bávara y encarna su espíritu acogedor

El origen del Biergarten se remonta hasta el Múnich del siglo XVI. Este pedacito de cielo en la tierra tenemos que agradecérselo precisamente al procedimiento de fabricación de cerveza de la época y al reglamento bávaro para la fabricación de cerveza de 1539, aunque ambos casi se convirtieran en causantes de un verano bávaro sin gota de cerveza... Y es que en esa época la cerveza se fabricaba con baja fermentación. Esto significaba que la fermentación se debía llevar a cabo entre los 4 y los 8 grados, es decir, en los meses fríos. Además el reglamento para la fabricación de cerveza de entonces sólo permitía la fabricación de cerveza entre el 29 de septiembre y el 23 de abril, pues las ollas de cocción calientes ya habían producido graves incendios con las altas temperaturas estivales. Para que pudiera seguir habiendo cerveza en Múnich en verano había que fabricarla en invierno y después almacenarla en un lugar frío durante varios meses: un auténtico desafío.

Con su espíritu ingenioso, los bávaros decidieron construir sótanos para poder almacenar al fresco la cerveza. Estas estancias se mantenían refrigeradas de manera natural gracias la sombra de los castaños autóctonos y a la grava esparcida por el suelo situado por encima de las bodegas. Con sus raíces planas los castaños no dañaban las bóvedas de las bodegas y siguen representando hasta la actualidad, junto con el suelo de grava, unas características muy típicas de todo Biergarten. Las fábricas de cerveza, situadas en la época en las afueras de la ciudad, se convirtieron rápidamente en destinos muy populares para los excursionistas bávaros. Al principio los visitantes sólo rellenaban sus recipientes con la cerveza fresca allí almacenada para llevársela luego a sus casas. Posteriormente se lograron imponer el espíritu sociable y acogedor de los bávaros y la cerveza comenzó a degustarse también directamente bajo las grandes copas de los castaños. Para ello los fabricantes de cerveza dispusieron sencillas mesas y bancos, naciendo así el Biergarten.

Como consecuencia de esta evolución las fábricas de cerveza de menor tamaño y las casas de huéspedes de Múnich vieron desaparecer su clientela, solicitando audiencia al rey Maximiliano, el primer soberano de Baviera. El monarca de la casa de Wittelsbach encontró finalmente en 1812 – a Dios gracias – una solución para el problema y decidió que las cervecerías al aire libre, tan adoradas ya en aquel entonces, siguieran funcionando de la misma manera. Eso sí, para no dañar el negocio de los dueños de los restaurantes muniqueses, no podría venderse en ellas ningún tipo de alimento salvo pan. Sin pensárselo dos veces, los huéspedes comenzaron a llevar sus comidas desde casa, dando lugar a una maravillosa y agradable costumbre que ha logrado mantenerse a través de los años y que aún sigue teniendo tradición en muchos Biergärten en la actualidad.